“Tienda de Ídolos de Teraj”. (Midrash)


 La letrero decía

“Tienda de Ídolos de Teraj”. (Midrash)

Marta se acercó al joven detrás del mostrador con aprehensión. (“¿Cómo va el negocio?”. “¡Gracias a los Dioses!”)
El vendedor no era el astuto Teraj quien hubiera tomado hasta tu último dinar por una bendición de tu ídolo favorito. Ese día era un día de fiesta en el templo, por lo que Teraj dejó a su hijo Abram cuidando el negocio.

“¡He traído un suntuoso sacrificio al dios Baal!”, dijo Marta.

Sorprendentemente, Abram no estaba ansioso de recibir su ofrenda. “Dígame Sra. ¿Cuántos años tiene?”, preguntó él.

“Acabo de cumplir 45”, respondió ella.

Abram continuó: “Entonces déjeme informarle que ayer este sagrado ídolo era sólo un árbol. Lo cortamos, utilizamos la mitad como leña y la otra mitad se convirtió en este ídolo. ¡¿Realmente tiene usted respeto por un ídolo que es menor que usted?!”.

Su argumento le hizo sentido a Marta, que en realidad no entendía bien la teología del servicio a los ídolos. “En ese caso, ¿Por qué no le das mi ofrenda a un ídolo que consideres honorable?”, murmuró ella apresurándose a abandonar la tienda.

Abram, que había llegado a creer en un solo Dios a través del razonamiento intelectual, tuvo de repente una idea brillante. Por muchos años, había tratado sin éxito de convencer a su familia de lo absurdo de la idolatría. Ahora, esta era su oportunidad.

Tomó un hacha y cortó en pedazos cada uno de los ídolos de la tienda de Teraj. Dejando al más grande de ellos intacto, tomó el hacha, la puso en la mano del ídolo y colocó la ofrenda de Marta en frente del mismo.

Cuando Teraj y su familia regresaron del templo, encontraron la tienda en ruinas. “¡Abram!”, gritó Teraj, ¿Por qué no cuidaste el negocio? ¿Quién destruyó todos mis dioses?”.

“Padre, ¿acaso no ves lo que ocurrió?”, dijo Abram. “Una mujer trajo un sacrificio y todos los ídolos empezaron a pelear para decidir quién debía recibirlo. ¡El ídolo más grande le pegó a todos los demás!”.

Teraj estaba atónito. Enfurecido gritó, “¡Abram! ¡Es obvio que tú hiciste todo esto! ¡Los ídolos sólo son madera y piedra!”.

“Que tus oídos escuchen las palabras que pronuncia tu boca”, dijo Abram. “Si sólo son de madera y piedra, ¿Cómo puedes adorarlos?”. (Adaptado del Midrash)

𝑃𝑎𝑟𝑎𝑠ℎ𝑎́ 𝐿𝑒𝑗 𝐿𝑒𝑗𝑎 𝑒𝑠 𝑙𝑎 ℎ𝑖𝑠𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟 𝐻𝑒𝑏𝑟𝑒𝑟𝑜: 𝐴𝑏𝑟𝑎𝑚. (𝑆𝑢 𝑛𝑜𝑚𝑏𝑟𝑒 𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑜́ 𝑝𝑜𝑠𝑡𝑒𝑟𝑖𝑜𝑟𝑚𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑎 𝐴𝑏𝑟𝑎ℎ𝑎𝑚).
𝐿𝑎 𝑇𝑜𝑟𝑎́ 𝑐𝑢𝑒𝑛𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝑠𝑢 𝑛𝑎𝑐𝑖𝑚𝑖𝑒𝑛𝑡𝑜 𝑦 𝑙𝑢𝑒𝑔𝑜 𝑠𝑎𝑙𝑡𝑎 𝑎 𝑠𝑢 𝑝𝑟𝑖𝑚𝑒𝑟𝑎 𝑝𝑟𝑜𝑓𝑒𝑐𝑖́𝑎 𝑐𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑡𝑒𝑛𝑖́𝑎 75 𝑎𝑛̃𝑜𝑠.

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